martes, 15 de diciembre de 2009

una historia muy linda

Nos encontramos en la parada del metrobus y me preguntaste que si quería que nos escapáramos juntos. Si la respuesta era afirmativa debía pegar un agudo grito y si era negativa debía lanzar una carcajada desbaratada. Los pasajeros dispuestos a abordar quedaron ensordecidos ante mi aguda respuesta, y nos fuimos corriendo tomados de la mano hacía la plaza altamira, mientras lanzábamos gritos de guerra. Me preguntaste mi nombre y decidí por esta vez ser Eugenia. Me parece que las Eugenias son chicas muy regias. Tú escogiste Matías, porque sabes que me encantan los nombres sureños. Nos compramos un helado cada uno: tú un bati bati y yo un crema real, y nos sentamos en un banquito, al lado de unos niños con olor a lápiz. Le pedimos a un desconocido que nos tomara una foto con tu cámara polaroid. El helado se escurría por mis manos y tu forzabas tus mandíbulas para masticar la bolita de chiclet sorpresa que encontraste al fondo del vasito de tu helado. Tomaste mis manos empegostadas y me diste un besito en la frente.Te pregunté si nos volveríamos a ver y sólo volteaste y sonreíste, mientas cruzabas la avenida Francisco de Miranda y te perdías entre la gente. Fuck! La próxima vez probaré ser Anastacia. Me reiré más y hablaré menos. O tal vez intente ser yo misma. Quizas así se quede un rato más.

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